Cuando compramos un móvil, un router o un portátil con Wi-Fi, normalmente nos fijamos en sus prestaciones, su precio y poco más. Pero antes de llegar a las tiendas, estos dispositivos deben cumplir una serie de requisitos. En Estados Unidos entra en juego la FCC, el organismo que regula las comunicaciones y establece los límites que deben respetar los equipos que emiten radiofrecuencia. Ahora, dicha FCC quiere cambiar dónde se realizan las pruebas que permiten autorizar ese hardware para su mercado, y China continental está en el centro de la decisión.
Para entenderlo fácilmente, estas pruebas sirven para comprobar que un dispositivo utiliza las frecuencias y potencias permitidas y cumple los límites de emisiones e interferencias aplicables. No certifican que un móvil haga buenas fotos o que una tarjeta gráfica rinda más, sino que el equipo respeta las condiciones técnicas exigidas. Los laboratorios realizan los ensayos y sus informes respaldan la certificación, que pueden conceder entidades reconocidas dentro del sistema de la FCC.
La FCC quiere sacar de China las pruebas del hardware, aunque allí se realiza el 82% de los ensayos
El problema para Washington es la enorme concentración de este trabajo. Según los datos recogidos en el borrador, más del 82% de las solicitudes de certificación de 2025 se apoyaron en pruebas realizadas en China, mientras que los laboratorios estadounidenses representaron menos del 4 %. Es decir, Estados Unidos depende mayoritariamente de instalaciones chinas para comprobar el cumplimiento de los dispositivos que autoriza para su propio mercado.
La propuesta busca que esas actividades se realicen en Estados Unidos o en economías con acuerdos de reconocimiento recíproco. Dicho de forma sencilla, Washington quiere aceptar laboratorios de territorios que también permitan participar a los estadounidenses bajo un marco acordado entre gobiernos.
La votación está prevista para el 29 de octubre de 2026, por lo que todavía no hablamos de una prohibición aprobada. Si sale adelante con el calendario planteado, el periodo de transición terminaría el 1 de diciembre de 2028.
Además, aquí no bastaría con cambiar el nombre del laboratorio o poner una sede en otro país. Lo que importa es dónde se hace el trabajo técnico: las mediciones, el análisis y los informes utilizados para certificar. Una empresa occidental con instalaciones en China continental también quedaría afectada.
El hardware podrá seguir fabricándose en China, pero certificarlo podría resultar más caro
Este es el matiz que conviene tener claro: la propuesta no obliga a sacar las fábricas de China. Un fabricante podría seguir produciendo allí sus móviles, routers o portátiles, pero tendría que recurrir a instalaciones admitidas para las pruebas cubiertas por estas nuevas reglas.
Y eso puede complicar las cosas. Tener el laboratorio cerca de la fábrica facilita enviar prototipos, corregir problemas y repetir ensayos. Trasladar ese trabajo añade logística y podría generar más costes o esperas, especialmente si muchos fabricantes buscan alternativas al mismo tiempo. No hay una subida de precios cuantificada, pero existe margen para que certificar nuevos productos resulte más caro y sus lanzamientos sufran retrasos.
Las autorizaciones ya concedidas seguirían siendo válidas, así que los equipos aprobados no tendrían que repetir las pruebas por este cambio. Tampoco se excluirían las pruebas internas de investigación y desarrollo que no se utilicen para respaldar una certificación.
El impacto directo estaría en el acceso al mercado estadounidense. Para España y Europa, las consecuencias serían principalmente indirectas: si una marca coordina un lanzamiento mundial, cualquier coste adicional o retraso en Estados Unidos podría acabar repercutiendo en otros mercados.
La FCC quiere reducir una dependencia enorme como ya hizo con los routers hace meses; el reto será encontrar capacidad suficiente fuera de China para hacerlo sin atascar la llegada del próximo hardware. ¿Pueden? Seguramente sí, pero, ¿a qué coste? No lo sabemos, pero el movimiento es, sin duda, arriesgado por todo lo que trae de fondo.
